lunes, 29 de noviembre de 2010

Policía imbécil, justicia imbécil

Perdón por el título, pero estoy un poquitín molesto. Bueno, en realidad estoy un poquitín más que un poquitín molesto, pero no quiero reventar por un ataque de bronca cual sapo bajo las ruedas de un auto.
Para el que no se enteró, paso a relatar algo que que me pasó hace unos días, pero antes, quiero agradecer de todo corazón al Estado Nacional Argentino porque por fin se acordaron de mi y me incluyeron en una estadística. Lamentablemente me incluyeron en la estadística de la inseguridad.
La voy a hacer corta: me robaron. Otra vez. Vamos a hacer una línea de tiempo de los hechos:
  1. Jueves 18 de noviembre de 2010: estacioné mi moto en la calle.
  2. Jueves 18 de noviembre de 2010: desapareció mi moto de donde la estacioné.
  3. Sábado 20 de noviembre de 2010: me voy a una fiesta a la noche. Al volver a mi casa encuentro que la habían desvalijado.
  4. Domingo 21 de noviembre de 2010: Enfurecido por lo que me había pasado primero con la moto y luego con la casa, comienzo a ordenar todo -lo que me dejaron- nuevamente.
  5. Domingo 21 de noviembre de 2010: Hago la denuncia de robo en la comisaría 27. Me indican que en 15 minutos se va a presentar un patrullero en el domicilio para tomar fotos de los daños. No vinieron.
  6. Jueves 25 de noviembre de 2010: La policía -división rastros- se presenta en mi domicilio para tomar huellas. Les indico que el hecho había ocurrido hacía cuatro días, que obviamente ya habíamos ordenado y limpiado la casa hacía cuatro días. Se marchan sin entrar.
  7. Lunes 29 de noviembre de 2010: La policía se presenta nuevamente en mi domicilio, esta vez enviados por la fiscalía donde fue asignada la denuncia. Me indican que van a tomar fotos de los daños para adjuntarlas a la causa a modo de pruebas del hecho. Les indico que el hecho había ocurrido hacía nueve días, que obviamente no sólo ya habíamos ordenado la casa nuevamente, sino que la puerta que destrozaron para entrar ya se encontraba reparada. Se marchan sin entrar.
Esto que me sucedió me enseñó varias cosas, entre las cuales puedo destacar:
  1. Que los delincuentes se manejan con total impunidad.
  2. Que la policía no está preparada para contener. Te atienden como si estuvieras haciendo un trámite de cambio de domicilio, sin considerar y sin estar preparados en absoluto para contener a una persona que acaba de ser víctima de la delincuencia.
  3. Que los fiscales que manejan este tipo de causas son unos estúpidos, que no pueden considerar que una persona no va a dejar su casa nueve días destrozada aguardando que se dignen a aparecer para hacer algún tipo de pericia.
  4. Que tengo que dejar de ver detectives médicos en Discovery Channel, que eso que veo en los documentales pasa en países primermundistas. Acá en Argentina los delincuentes te hacen lo que quieran y la policía no es capaz de encontrarlos aún si el delincuente te deja la dirección de donde vive. 
  5. Que la policía es la viva muestra de la ineficiencia, la incompetencia, del desinterés por los ciudadanos, y de la falta de capacitación.
Un dato curioso: como entre las cosas que me robaron de mi casa se encontraba una computadora propiedad de la empresa para la que trabajo, tuve que incluirla entre los elementos sustraídos de la denuncia. Una vez hecha dicha denuncia me entregaron una constancia, donde sólo se indicaba los elementos sustraídos.
En mi trabajo me solicitaron que presente una copia de la denuncia, para constatar en qué circunstancias el bien de la empresa fue sustraído, ya que dentro de la computadora había información que también es propiedad de la empresa, así que me presenté nuevamente en la comisaría y solicité una copia de la denuncia. El oficial de turno me informó que no podía darme una copia, ya que la causa se encontraba amparada bajo el secreto de sumario. Le informo cortésmente al policía, que yo era quien había radicado la denuncia y que conocía los pormenores de la misma. Vuelvo a recibir una negativa. Yo, como víctima no puedo acceder a una copia a la declaración que yo mismo hice. Me retiro de la comisaría sin éxito.
Más allá de la bronca que tengo por lo que me pasó -no una, sino dos veces en el mismo mes-, me pongo a pensar si esta forma de actuar -tanto de la policía como de la justicia- no es parte de una conspiración pensada para que las cosas sean así como son, y que hay alguien -no una persona física sino una entidad- que permite que esto sea de esta forma por algo. Se me ocurrió una teoría que voy a compartir con ustedes en alguna próxima entrega en mi blog. Mientras tanto, voy a empezar de cero, sin TV, sin computadora, sin mi ropa, sin mis perfumes, sin mis ahorros y, peor que todo eso junto, sin la mínima sensación de seguridad o protección por parte de quienes se suponen nos tienen que cuidar.

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