viernes, 19 de noviembre de 2010

Devolvamos el favor, ayudemos a los colectiveros

Ellos nos llevan, nos traen, nos tienen paciencia, nos paran siempre los días de lluvia, nos hacen un huequito para que entremos si el colectivo va lleno, nos transportan en forma segura, respetando las señales de tránsito en pos de nuestra seguridad, nos hablan siempre respetuosamente, aceleran y frenan en forma gradual para que no sintamos la aceleración y desaceleración en forma brusca, salvaguardan nuestra integridad física, son pacientes hasta el hartazgo.
Y nosotros... nosotros a cambio nos comportamos como animales. Pretendemos que se detengan en la parada, no somos capaces ni tolerantes en lo más mínimo, qué son 50 metros más adelante? que mal nos hace? por qué si le tocamos timbre y no se detiene en la parada indicada y sí en la próxima, nos enojamos? es sólo una parada de diferencia!. Cuando están doblando en una esquina y nosotros estamos cruzando por esa calle, nos cruzamos enfrente del colectivo en forma altanera, y pretendemos que se detenga y que nos ceda el paso!
Nos dan muchísimas formas de pago del pasaje, tantas que hasta podemos tener una tarjeta para cada línea en lugar de tener una aburrida tarjeta para todas, incluyendo el subte como en Inglaterra. Qué saben estos ingleses de personalización!
Nos ofrecen el servicio de venta de monedas en las terminales para nuestra comodidad, nos cobran sólo un 20% de recargo por ordenar las monedas en una hermosa bolsa plástica.
Así no funciona muchachos, seamos un poco más agradecidos, lo único que nos piden las empresas de transporte público a cambio del gran servicio que nos brindan, es una humilde colaboración. Cuando sacan un pasaje de $1,25 no pongan la clásica monedita de un peso y la de 25 centavos, sean más creativos, junten algunas de 5 y de 10 centavos y paguen algunos boletos con cambio, si no las pobres empresas de colectivos no tienen monedas para vender a los despiadados pasajeros que lo único que les importa el cambio y viajar, sin pensar en ese pobre hombre que se desvive por que nos sintamos como en casa, y esos pobres empresarios del transporte público que apenas ganan lo suficiente como para mantenerse a flote.
Somos tan desconsiderados que no nos damos cuenta de lo que necesitan las empresas de transporte que es necesario que nos lo digan. Que malos pasajeros que somos, terribles.


Ellos a cambio hacen un control de la población, manteniendo a raya el crecimiento exponencial y desmedido de nuestra raza, y sin cobrarnos recargo en el precio del boleto!

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